Si no te escribo, no temás amor, las letras escritas no son más que dolorosas ficciones del hablante, infringidoras del karma sempiterno de los amadores sensibles. Yo te amo en la aciaga franqueza de mi vida decadente.
Si no te escribo mi amor, no dudés, aprendé a leerme las caricias, los besos, los suspiros; ellos custodian jeroglíficos impronunciables para mis labios torpes, encontralos y decímelos con prisa.
Entonces no tendré que escribirte con mi mano en hojas blancas; las cambiaré mejor por tu llana piel café.